5 de septiembre de 2013

La niña del exorcista

Dime mamá,


Salimos. Caminando de nuevo a casa con Grandullón y con Peter Pan me dijiste.  

-Mamá, otra vez me quedaré sin hablar (imaginaros su cara haciéndose la muda).

 ¿Sí? ¿Seguro? No sé yo me dije.


Pero esto no tiene sentido si no os recuerdo lo ocurrido minutos antes.


Aquello no era una niña. Hicieron falta tres mujeres para sujetarte. Sentada en la camilla viste esa jeringuilla , lentamente como en las películas y tu cara ya no era tu cara. Ay dios! Lo que me espera, me repetía. Y así fue.

Tiraste no sé que por los suelos, sudaste como un pollo, te retorciste de un lado para otro en la camilla. Tu cara desencajada y los gritos hicieron entrar a más de una. En resumen: allí se estaba produciendo una matanza ( lo parecía). 

Grandullón desapareció como un suspiro de la habitación, refugiandose  en la sala de espera, haciendo no sé que porque no lo pude ver. Más tarde me dijo -no quería ver a "mariquita". 

Y Peter, él simplemente paralizado mirando al infinito.

Finalmente entre tres te cogimos. Sí o sí te vacunabas hoy. Te mimé, te besé, te acaricié... Pero nada. Hasta que el mosquito picó y FIN.


Todo desapareció. 


Media hora más tarde TÚ más chula que nadie.



Besos mamá 

2 comentarios:

  1. Por lo visto no soy la única que tiene una hija y marido así

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  2. Jajaja... No te puedes imaginar como se puso! Bueno si!!!

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